
Por encima de mediocridades como Transformers 2, Terminator Salvation y otras memeces de las que hablaré en unos días, cuatro han sido las grandes películas que es necesario destacar en este año, enormemente diferentes entre si no por su temática ni por la calidad de las mismas, sino por las exageradas diferencias de presupuesto existente entre ellas. Las cuatro son, sin embargo, estupendas películas, y posiblemente cada una de ellas tenga cabida de una u otra manera en los Oscars que se entregarán en marzo.
En el lado de las películas económicas tenemos el debut de Duncan Jones (seudónimo de Zowie Bowie, hijo del cantante David) con un buen actor pero aún lejos de ser estrella llamado Sam Rockwell. La película en cuestión se llama Moon y se dice que contó con un presupuesto de tan solo cinco millones de dólares. Con apenas un solo actor protagonista (más la voz de Kevin Spacey en la versión original), Moon recrea el desasogador ambiente de una base lunar donde las cosas no son lo que en principio parecen. Robando algo de inspiración al 2001 de Kubrick la película roza la perfección, apoyándose sobretodo en su angustiarte atmósfera y en una brillante interpretación, haciendo olvidar rápidamente los escasos medios con la que fue filmada.

En segundo lugar nos encontramos uno de los pelotazos del año. Con un presupuesto de apenas 25 millones de dólares (sí, el quíntuple de Moon, pero aún así ridículo para el dinero que se mueve hoy en día en Hoollywoood), tenemos Distrito 9, dirigida por otro debutante, Neill Blomkamp, y con otro actor casi desconocido, Sharlto Copley (aunque, eso sí, apadrinada por Peter Jackson). La película cuenta como un contacto extraterrestre en la capital de Sudáfrica da lugar a un nuevo apertheid, logrando una brillante metáfora sobre integración y racismo con la excusa extraterrestre de por medio. De nuevo, cuidadas ambientaciones, ritmo adecuado y una interpretación colosal para lo que sin duda ha sido el éxito sorpresa del año.
Y de aquí pasados a los dos ejemplos de cine de gran presupuesto. Por un lado, el regreso del gran J.J.Abrams al cine desp
ués de alucinar al planeta entero con la serie Lost (Perdidos). Tras el fiasco de Misión Imposible 3 y el buen resultado de Monstruoso (en la que ejerce de productor), este año nos ha regalado Star Treck 2009, una reinvención de la famosa saga trekkie que no solo es una magnífica película de ciencia ficción sino que consigue superar con creces el difícil reto de agradar a los fans de toda la vida tanto como aquellos que nunca se habían interesado por el Universo de Kirk, Spook y compañía. Con un inteligente guión (no quiero desvelar demasiado por si alguien no la ha visto aún, pero a quién dude sobre si se trata de una secuela o una precuela tan solo diré que ambas cosas a la vez) y con unos efectos visuales apabullantes, Abrams consigue hacer una película trepidante y emotiva sin que el derroche de artificios el robe en ningún momento protagonismo al guión. Un film absolutamente genial que no cede un solo segundo al aburrimiento aunque, eso sí, con un presupuesto de 150 millones de dólares.Como veis, las cifras comienzan a marear.
El punto y final de este repaso lo pone Avatar, la grandiosa epopeya destinada
Cuatro películas. Cuatro grandes obras de la ciencia ficción que no solo merecen figurar en el resumen del año con letras mayúsculas, sino que se han ganado su rincón en la historia del cine universal. Pero sobretodo, cuatro presupuestos brutalmente diferentes entre sí.
¿Es necesario gastar tanto como Camaron para explicar una película? ¿Perderá creatividad Jones cuando le tripliquen el presupuesto para su siguiente film? ¿Son necesarios los 295 millones de diferencia entre Moon y Avatar?
El debate está abierto. Vosotros tenéis la palabra.
Por cierto, feliz año.













