viernes, 4 de diciembre de 2009

¡Ya no hay crisis en Barcelona!

Aquí me tenéis de nuevo, recuperando un poco el día de publicación habitual con un titular que sin duda impactará y forzará a morir de envidia a todos aquellos ciudadanos españoles de fuera de Barcelona. Pues sí, señores, la crisis económica que tanto nos ha machacado durante los dos últimos años ha terminado en la ciudad de Barcelona. Este año podremos volver a comprar turrón del caro, regalar playstations a nuestros sobrinos y volver a desear al año nuevo lo de paz y amor, que de dinero vamos sobrados...
Bueno, no todos, claro. El ciudadano de a pie sigue a dos velas, con aumentos en la cola del paro, cada vez más negocios en traspaso y vacaciones de más a cuenta del Sr. E.R.E. en muchos casos. La crisis ha terminado, eso si, dentro del ayuntamiento. O, al menos, eso es lo que se intuye ante los recientes derroches de nuestro amado alcalde.
Para empezar, se ha remodelado toda la flota de contenedores de reciclaje de la ciudad. Lo que en un principio parecía algo positivo (la creación de contenedores de basura orgánica, el último que faltaba para completar nuestra labor social para con la naturaleza) se ha tornado una tomadura de pelo al comprobar que no se trataba de una ampliación, sino de una sustitución. Es decir, que todos los contenedores antiguos (y por antiguos no me refiero a viejos, muchos estaban en un estado impecable) han sido sustituidos por un modelo más bonito pero igual de útil que los anteriores.
Un gasto totalmente innecesario que, para colmo, ha venido acompañado de una extensa campaña publicitaria que pretende decirnos a todos lo guay que es nuestro alcalde y lo megaecologista que es, pero que en la realidad se traduce como más dinero exprimido de los contribuyentes. Para redondear la jugada, los camioncitos de BCNeta (los camiones que recogen la basura, para que me entendáis los de fuera de Barcelona) han sido también sustituidos por una flota nueva, imagino que porque los antiguos no deberían poderse adaptar a los nuevos contenedores.
Sí, ya veis, derroche en una época de apretarse el cinturón. Pero ahí no queda todo.
Como segundo escalón en esta escalera a la locura, recientemente ha comenzado una campaña de sustitución de semáforos por toda la ciudad. Sin duda los nuevos serán mucho mejores que los antiguos, y no seré yo quien los critique pues no tengo estudios necesarios para ello. Para que os hagáis una idea, intentaré describirlos: son amarillos, sujetos al suelo mediante una columna verdosa y en su interior hay tres círculos que se iluminan siguiendo una cadena de tiempo lógica. Las luces son roja, amarilla y verde. Innovación absoluta, ¿verdad? Sí, claro que estoy siendo sarcástico, porque los nuevos semáforos son igual que los anteriores, solo que algo más planos. Supongo que alguna mejora si que ofrecerán (mejor visibilidad, menos gasto energético, ¿qué se yo?) pero ¿suficiente como para justificar el gasto de cambiarlos todos con semejante alegría?
El tercer punto de discordia hay que encontrarlo en la ornamentación navideña. Mientras medio país pasa hambre y penuria por la crisis, aquí vacilamos al personal con unos galets (el galet es una especie de caracola de pasta típica del caldo de Navidad en Cataluña) gigantes que se iluminan por dentro. Estos galets (podéis verlos en la foto) parecen cualquier cosa menos navideños y ya hay juegos por Internet para sacarles el máximo provecho (las apuestas más altas están entre urinarios y basureros, pero podéis animaros a darle vuestro uso particular).
Encima, se presume del exceso de bombillas invertidas en la zona del centro (no solo derrochamos, encima nos jactamos de ello). Y, por si fuera poco, se provoca al personal con las felicitaciones que se ven en las principales calles barcelonesas, un mensaje de Feliz Navidad que se puede leer en catalán, chino, árabe... pero no en castellano.
Primero: ¿alguien puede explicar al Sr. Hereu y sus colegas que los chinos celebran el año nuevo en otra fecha y que la mayoría de los árabes son islamistas? Lo que se deben estar riendo la mayoría de inmigrantes ante tan absurda dedicatoria.
Por otro lado, y sin querer ofender para nada a la inmigración (una necesidad para ellos y, en muchos casos, para nosotros también, y que controlada y adecuada a cada situación debería ser un beneficio para todos y no lo contrario), ¿acaso son más importantes para la alcaldía ellos que los catalanes que por el motivo que sea hemos decidido elegir el castellano (o español, como queráis) como lengua principal? ¿Y los no catalanes que residen en esta ciudad? ¿acaso no pagan los mismos impuestos y colaboran igual al crecimiento de Barcelona? Y ya puestos a felicitar en otros idiomas, ¿y el inglés, francés o alemán?
Me gusta Barcelona y me siento orgulloso de ser barcelonés y catalán, pero ver estas cosas (y encima sentir envidia sana al ver en los telediarios la preciosa iluminación navideña de ciudades como, por ejemplo, Madrid) me hacen sentir también bastante vergüenza.
Con la crisis que tenemos, y más en estas fechas tan especiales, el ayuntamiento debería ser el primero en dar ejemplo de austeridad, pero por lo visto jugamos a aquello del mundo al revés...
Y mientras, los famosos abetos de navidad ecológicos del año pasado olvidados por ahí...
Ver para creer.

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