domingo, 13 de diciembre de 2009

Pasión roja.

Antes de empezar debería confesaros que nunca he sido un defensor de la selección. O mejor debería decir de las selecciones. No se trata de politiqueo, ni mucho menos. Si nos centramos en el fútbol, la selección española (de las autonómicas ya ni me molestaré en hablar) siempre me ha parecido un estorbo para la liga. Todo el mundo al que le gusta el fútbol es seguidor de algún equipo, y el parón por los partidos de selección (en su mayoría amistosos o clasificatorios para algo contra selecciones de pena) no hacen más que romper el ritmo de la competición y hacer peligrar la integridad física de algún jugador que, por otra parte, cobra su sueldo de su equipo, no de su país.
En los últimos tiempos, sin embargo, algo ha cambiado. no es solo una cuestión de resultados, sino de calidad de juego. Gente como Casillas, Piqué, Xavi, Iniesta, Villa o Torres, por nombrar solo algunos, me han obligado a ver a la selección española con otros ojos, y la consecución del título de campeones de Europa ha sido la gota que ha colmado el vaso para terminar de convencerme. Me siguen molestando los parones por selecciones en mitad del campeonato de liga, pero ahora al menos me consuelo con el buen fútbol de la roja y espero con ansia el próximo mundial.
Pero lo bueno es que ahí no termina todo, ni mucho menos. Poco antes de que nuestro fútbol deslumbrara en todo el mundo otro equipo de españoles ya había puesto el nombre de nuestro país en lo más alto del deporte mundial. Me refiero, por supuesto, a la selección de baloncesto, a los chicos de oro que tras aquella lejana medalla de plata de los Ángeles, ha reunido a una generación de campeones que nos han situado en la cima de Europa y del mundo entero.
Siguiendo con el orgullo rojo que me invade (y estoy centrándome en tres deportes, pero ahí están también el balonmano, waterpolo, ciclismo, formula 1, etc.), el pasado fin de semana nuestros tenistas consiguieron su cuarto título en copa Davis, segundo de manera consecutiva. un gran logro que se suma a sus brillantes curriculums personales y que demuestra el gran espíritu deportivo que vive nuestro país en los últimos años. No podía dejar pasar la ocasión de felicitarlos desde mi modesto blog y agradecerles a todos ellos todo lo bueno que hacen por nuestro deporte y por nuestra imagen en general fuera de estas fronteras.
El único borrón a todo esto está en que con cada nueva victoria nuestros dirigentes tienen una nueva oportunidad de ponernos en ridículo, como la salida de todo (y protocolo) de Zapatero felicitando entusiasta a Nadal (grande entre los grandes) pero despreciando así el brillante partido de dobles o la épica victoria de Ferrer. Sin embargo, me he propuesto no hablar más de política hasta pasadas las Navidades (que ya habrá tiempo para ello), así que me quedo con el buen sabor de boca se siente al ser español y, ahora sí, seguidor de la roja.
A todos vosotros, felicidades y gracias.

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