Que estamos inmersos en una enorme crisis es un hecho evidente a la par que lamentable. No es menos notable que la crisis está comenzando a remitir en Europa pero que en España parece que va para largo. Y no hay duda alguna que nos afecta a todos, absolutamente a todos, desde el pequeño empresario que tiene que cerrar su negocio por falta de beneficios a las grandes multinacionales que reducen plantillas indiscriminadamente. Sin embargo, si nos fijamos en los medios de comunicaciíon, parece que el sector del automovilismo centre la mayoría de las noticias sobre el tema y por eso quiero centrarme hoy en ese aspecto de la crisis.

Trabajando yo mismo en dicho sector (es decir, que sé de lo que hablo y no me muevo por intereses personales), no voy a negar que en los últimos años se han sucedido importantes reducciones de personal, fijando la atención en los dos grandes fabricantes que operan en Cataluña (SEAT y Nissan) pero sin que el resto se salven de la criba. El motivo es innegable: se venden menos coches y, por lo tanto, se fabrican menos coches. No es este lugar ni momento para debatir quién es el culpable de la caída de las ventas (económico, comercial, de diseño, calidad...) pero lo cierto es que la realidad es en ocasiones incuestionable. Siendo yo el primero en poder verme afectado por mis palabras, está dentro de toda lógica pensar que los despidos y las reducciones de plantilla son necesarios, sino vitales, para las empresas fabricantes, y de ahí los famosos E.R.E's (expediente de regulación de empleo, siglas que hace unos años apenas nadie reconocía). Hasta aquí, todo correcto. Triste, lamentable y ojalá evitable, pero correcto. Donde me entran las dudas es en la solución a estos.
Los beneficios disminuyen (ojo, hablamos de beneficios, no de perdidas) y los fabricantes sólo piensan en ganar dinero así que, ¿cómo actuar? Efectivamente, recurriendo al gobierno. Los chantages emocionales están a la orden del día en estas empresas y la amenaza de cerrar fábricas, reducir plantillas o trasladar la fabricación de ciertos modelos al extranjero hace temblar a nuestros dirigentes, que terminan por bajarse del burro y ceder en forma de subvenciones, prestamos a muy bajo interés (en ocasiones a cero) y ayudas diversas. Unas serie de ayudas y beneficios que rara vez puede conseguir un pequeño empresario, un trabajador o un parado. Unas ayudas que, a la larga, solo sirven para que los que se están enriqueciendo puedan seguir haciéndolo pese a la caída de ventas y que hace menguar peligrosamente las arcas del gobierno. ¿Se han parado a pensar quien necesita realmente esas ayudas o simplemente les preocupan las apariencias?
Y todo esto en un país donde las ayudas para la compra de coches nuevos (reduciendo así los problemas de contaminación, riesgo de accidentes, etc.) son mucho más reducidas que en otros países, donde se imposibilita prácticamente el uso de vehículos en las grandes ciudades (los habitantes de Barcelona saben perfectamente lo que es ir a trabajar esquivando obras y calles cortadas, carriles bici y railes de tranvía) y en cuyas vías existen cada vez más limitaciones absurdas de velocidad (algún día trataré este tema a fondo, lo prometo) e invirtiendo más en radares recaudatorios que en mejorar la calidad de las carreteras y autopistas.
Personalmente, no encuentro la coherencia por ningún sitio. Pero bueno, ellos que vayan haciendo, despilfarren el dinero que no les pertenece y todos tan contentos. Los trabajadores seguiremos buscándonos las castañas por nuestra cuenta, con congelaciones de sueldos y E.R.E.'s de por medio.
Y sin cambiarnos de coche, por supuesto...

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