Y un año más, como no podía ser de otra manera, ridículo y esperpento en nuestra participación. No se que me resulta más triste, si el quinceavo puesto cosechado por e
l que tiene algo chiquitito (vaya usted a saber qué) o que en la web de TVE se feliciten por el éxito logrado. ¿De veras vale la pena participar en un festival para aspirar a esto?En un tiempo de crisis en el que se supone hay que abrocharse el cinturón, nosotros seguimos apostando por este festival casposo y caduco en el que ya de por si hay que invertir una millonada, ya que no solo hay que contar el precio a pagar por pertenecer a Eurovisión y los gastos derivados del propio festival sino que España se permite, además, el capricho de pagar para asegurarse un puesto fijo en la final, lo que le supone un gasto adicional de 224.000 euros. A esto hay que añadir que en el momento de presentar la candidatura de Daniel Diges, este aún no había firmado por ninguna productora discográfica, con lo cual todos los gastos de promoción corren también a cargo del ente público.
Mucha inversión no recuperable para una nueva clasificación mediocre, pese a la "ayuda" inestimable del tal Jimmy Jump, pues la aparición espontánea del sujeto sin dudo otorgó de simpatía al pobre Diges y le reportó algún que otro voto adicional.
Y suerte que no ganamos, porque de ser así, el año que viene el festival se celebraría en la patria de Cervantes, y aquí si que el gasto se dispararía a niveles insospechados.
La NRK noruega, la ganadora del año pasado y organizadora del presente evento, ya anunció que en caso de repetir triunfo renunciaría al título por imposibilidad de asumir semejante gasto. De echo, para poder hacer frente a la gala de este fin de semana no tuvo más remedio que vender los derechos televisivos del Mundial de fútbol 2010 a una cadena de la competencia. Mientras, otros países como Andorra, la república Checa o Montenegro han renunciado a participar por motivos económicos, en un certamen musical del que Italia se desligó hace ya tiempo debido a la baja calidad del mismo.
Aquí, sin embargo, seguimos manteniendo la casposidad con representantes mediocres y de fácil olvido o símbolos del frikismo como el bochornoso Chikilicuatre e invirtiendo un dinero que, recordemos, sale de las arcas públicas.
En fin, supongo que mientras la audiencia responda, TVE pensará que tienen la razón a favor. ¡Viva el país de la pandereta y la telebasura!

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