"La otra noche estuve en la discoteca hasta altas horas de la madrugada. Bailé, bebí, sudé y magreé a alguna muchacha que otra, siempre, claro está, con un cigarro en la mano, que la imagen es muy importante. Entre los gritos necesarios para hacerme entender y el tabaco, quedé deliciosamente ronco. La bebida era de garrafón, pero no me importaba, todo me sabía a nicotina. Al agonizar la madrugada, me lancé a por un par de atractivas extranjeras y terminamos besándonos en un reservado. El aroma a tabaco de sus labios me embriagó.
Ya amanecía cuando salí del local, con la ropa apestando a humo y los ojos llorosos, y en mi americana dos heridas de guerra en forma de quemaduras de cigarro.
Pensé en coger un taxi para volver a casa, pero, al igual que en el autobús, no me dejan fumar, así que dediqué un par de horas en regresar a casa a pie, meditando, entre calada y calada, mis previsiones del próximo fin de semana. Me apetecía quedar con una amiga y llevarla a aquel restaurante tan especial para ella y luego a ver una romántica película al cine, pero claro, no me dejarán cenar durante la cena y menos aún viendo la película, así que lo dejaré para otro día.
No entiendo como hay sitios donde no se puede fumar..."
Saludo a todos. Esto que acabáis de leer es una ficción que acabo de inventar para tratar de entender lo que algunos imaginan que es una noche de fiesta. Digo esto porque esta semana me han llamado la atención diversos anuncios por las calles en contra de la nueva ley de tabaco, asegurando que si en los locales de moda se prohibe fumar estos se quedarán vacíos. ¿Significa esto que en las salas donde se ha proyectado Avatar dejaban fumar, porque yo las he visto a rebosar? ¿Y los restaurantes un sábado por la noche? ¿Se imaginan ustedes a Pachá vacía por culpa de la ley de tabaco?
Me produce verdadero estupor que nos quieran vender la moto de esta manera y, con la crítica hacia la nueva ley encuentro una velada publicidad en favor del tabaco que me provoca dudas acerca de su legalidad. Ética, desde luego, no me parece.
Una vez más nos encontramos con empresarios siguiendo el camino equivocado. En lugar de invertir en publicidad mal enfocada podrían disponer de ese dinero para mejorar sus locales, bajas precios, promocionarse de manera sana...
Porqué, si creemos lo que nos dicen, la noche va a convertirse en un paraíso para los que no fumamos. Salas de baile espaciosas, bares vacíos, cines sin colas... ¿Donde hay que firmar?
Otra cosa es analizar la ley de tabaco en sí misma, con sus aciertos y errores, y debatir porqué lo que se propone ahora no se propuso con los primeros cambios de hace unos años, que obligó a reformas ahora inútiles a diversos locales. Eso es otra cosa. Pero, ¿asegurar que están matando la noche? Paparruchas.
Ya amanecía cuando salí del local, con la ropa apestando a humo y los ojos llorosos, y en mi americana dos heridas de guerra en forma de quemaduras de cigarro.
Pensé en coger un taxi para volver a casa, pero, al igual que en el autobús, no me dejan fumar, así que dediqué un par de horas en regresar a casa a pie, meditando, entre calada y calada, mis previsiones del próximo fin de semana. Me apetecía quedar con una amiga y llevarla a aquel restaurante tan especial para ella y luego a ver una romántica película al cine, pero claro, no me dejarán cenar durante la cena y menos aún viendo la película, así que lo dejaré para otro día.
No entiendo como hay sitios donde no se puede fumar..."

Saludo a todos. Esto que acabáis de leer es una ficción que acabo de inventar para tratar de entender lo que algunos imaginan que es una noche de fiesta. Digo esto porque esta semana me han llamado la atención diversos anuncios por las calles en contra de la nueva ley de tabaco, asegurando que si en los locales de moda se prohibe fumar estos se quedarán vacíos. ¿Significa esto que en las salas donde se ha proyectado Avatar dejaban fumar, porque yo las he visto a rebosar? ¿Y los restaurantes un sábado por la noche? ¿Se imaginan ustedes a Pachá vacía por culpa de la ley de tabaco?
Me produce verdadero estupor que nos quieran vender la moto de esta manera y, con la crítica hacia la nueva ley encuentro una velada publicidad en favor del tabaco que me provoca dudas acerca de su legalidad. Ética, desde luego, no me parece.
Una vez más nos encontramos con empresarios siguiendo el camino equivocado. En lugar de invertir en publicidad mal enfocada podrían disponer de ese dinero para mejorar sus locales, bajas precios, promocionarse de manera sana...
Porqué, si creemos lo que nos dicen, la noche va a convertirse en un paraíso para los que no fumamos. Salas de baile espaciosas, bares vacíos, cines sin colas... ¿Donde hay que firmar?
Otra cosa es analizar la ley de tabaco en sí misma, con sus aciertos y errores, y debatir porqué lo que se propone ahora no se propuso con los primeros cambios de hace unos años, que obligó a reformas ahora inútiles a diversos locales. Eso es otra cosa. Pero, ¿asegurar que están matando la noche? Paparruchas.

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