Saludos, de nuevo por aquí después de un par de semanas de ausencia. La primera debido a unos problemillas técnicos con la conexión de Internet y la segunda debido a la Semana Santa, con unos días libres tan deseados como necesarios. Si nada lo impide, aquí estaré de nuevo cada viernes (más o menos) para comentar lo que pasa por el mundo, o al menos por mi mundo, y dar mi punto de vista de ello.
Pasa el tiempo, se estrenan películas, se ganan partidos de fútbol, pero el tema estrella continua siendo el mismo desde hace un par de tristes años: la crisis.
Nuestro gobierno, aparentemente, continua luchando por combatirla y solucionarla, o por lo menos conseguir mitigar sus efectos, pero esas soluciones no terminan de cuajar en absoluto. Ayer mismo se anunció que el paquete de medidas que preparaba para paliarla había caído estrepi
tosamente de las 54 inicialmente previstas a tan solo 24. Y ya veremos...
El caso es que uno de los planteamientos que más polémica han suscitado y con el que seguiremos dando vueltas durante algún tiempo es con la posible subida del I.V.A. Sin querer parecer un experto en economía, personalmente me postulo claramente en contra de esta medida, que pienso no va a ayudar a solucionar nada y, si acaso, va a perjudicar más todavía. Y me explico a continuación.
La subida del I.V.A. no es, en el fondo, más que una subida de impuestos como otra cualquiera, de manera que el único beneficiado de ello es el propio gobierno, que debido a una serie de decisiones mal tomadas ha visto como sus arcas han ido menguando y se encuentra sin posibilidad de satisfacer sus obligaciones, como los pagos por natalidad, la prestación de desempleo, jubilaciones, etc. Sin embargo, el hecho de que este incremento repercuta directamente sobre el precio final de los productos no hará sino agravar más la crisis económica, pues mientras las arcas del estado se van saneando las de los ciudadanos no harán sino empobrecerse más aún. la conclusión es clara. si las cosas cuestan más caras hay dos soluciones: o pagar más por ellas o prescindir de todo aquello que no sea absolutamente necesario. Y esa segunda opción repercutirá, una vez más, en los comerciantes, que verán de nuevo menguados sus beneficios y ampliará el desolador panorama de locales cerrados o en traspasos.
¿Y las grandes empresas? Pongamos un ejemplo sobre uno de los sectores más en boca en estos últimos años: la automoción.
Parece claro que si sube el I.V.A. los productos más caros son los que notarán más el aumento. Los coches, por ejemplo. Coincidiendo con el fin del plan 2000 E, la caída de la venta de coches parece algo previsible e inevitable en fechas cercanas, y prueba de ello9 es la anómala mejora de las ventas en el presente mes, síntomas de una falsa mejoría que en realidad evidencia el temor de los consumidores a las próximas subidas. Ello invita al pesimismo, con nuevas amenazas de E.R.E.'s y bajadas de producción de fabricantes con base en España, como SEAT, Nissan, etc. De nuevo dos posibles consecuencias, ambas igual de nefastas: o aumentas los despidos, y por consiguiente el número de parados, o el gobierno lo evita con nuevas subvenciones o ayudas a estos fabricantes, con lo cual la mejora de las arcas que supondría la subida del I.V.A. no sería tal, entrando en un peligroso círculo vicioso.
Por otro lado, muchos empresarios han anunciado su repulsa a la subida del I.V.A. anunciando que mantendrían sus precios tras la puesta en marcha de la misma. Sin querer dudar de la buena fe de estos empresarios, hemos de tener en cuenta que se trata de un lujo que solo pueden permitirse los más grandes, compensando la bajada de beneficios con la supuesta buena imagen que van a conseguir y el aumento de ventas gracias a la comparativa de precios con la competencia. Sin embargo, existe una cara oscura a estas buenas intenciones, la de los comerciantes que, en previsión de la subida, y para poder colocarse la medallita de buenos samaritanos, han subido ahora ya sus precios, sin justificación alguna, de manera que cuando el I.V.A. suba ellos puedan presumir (mentir) de mantener sus precios. Y si luego el I.V.A. termina por mantenerse, más que ganan.
Un ejemplo, una conocida cadena de cafeterías y bollería subió de un día para otro el precio de un café de 80 céntimos a un euro con treinta. Sencillamente bochornoso.
En fin, que si al final se aprueba la dichosa subida (que a día de hoy no parece nada claro, dicho sea de paso), los consumidores de nuevo los perjudicados. Y ni siquiera eso garantizaría el saneamiento del dinero público.
Y mientras todo el mundo comprando televisiones nuevas para adaptarse al dichoso apagado analógico, una milonga que de momento de poco sirve cuando la mayoría de los canales en abierto están lejos de ofrecer su emisión en alta definición.
Ver para creer...
Pasa el tiempo, se estrenan películas, se ganan partidos de fútbol, pero el tema estrella continua siendo el mismo desde hace un par de tristes años: la crisis.
Nuestro gobierno, aparentemente, continua luchando por combatirla y solucionarla, o por lo menos conseguir mitigar sus efectos, pero esas soluciones no terminan de cuajar en absoluto. Ayer mismo se anunció que el paquete de medidas que preparaba para paliarla había caído estrepi
tosamente de las 54 inicialmente previstas a tan solo 24. Y ya veremos...El caso es que uno de los planteamientos que más polémica han suscitado y con el que seguiremos dando vueltas durante algún tiempo es con la posible subida del I.V.A. Sin querer parecer un experto en economía, personalmente me postulo claramente en contra de esta medida, que pienso no va a ayudar a solucionar nada y, si acaso, va a perjudicar más todavía. Y me explico a continuación.
La subida del I.V.A. no es, en el fondo, más que una subida de impuestos como otra cualquiera, de manera que el único beneficiado de ello es el propio gobierno, que debido a una serie de decisiones mal tomadas ha visto como sus arcas han ido menguando y se encuentra sin posibilidad de satisfacer sus obligaciones, como los pagos por natalidad, la prestación de desempleo, jubilaciones, etc. Sin embargo, el hecho de que este incremento repercuta directamente sobre el precio final de los productos no hará sino agravar más la crisis económica, pues mientras las arcas del estado se van saneando las de los ciudadanos no harán sino empobrecerse más aún. la conclusión es clara. si las cosas cuestan más caras hay dos soluciones: o pagar más por ellas o prescindir de todo aquello que no sea absolutamente necesario. Y esa segunda opción repercutirá, una vez más, en los comerciantes, que verán de nuevo menguados sus beneficios y ampliará el desolador panorama de locales cerrados o en traspasos.
¿Y las grandes empresas? Pongamos un ejemplo sobre uno de los sectores más en boca en estos últimos años: la automoción.
Parece claro que si sube el I.V.A. los productos más caros son los que notarán más el aumento. Los coches, por ejemplo. Coincidiendo con el fin del plan 2000 E, la caída de la venta de coches parece algo previsible e inevitable en fechas cercanas, y prueba de ello9 es la anómala mejora de las ventas en el presente mes, síntomas de una falsa mejoría que en realidad evidencia el temor de los consumidores a las próximas subidas. Ello invita al pesimismo, con nuevas amenazas de E.R.E.'s y bajadas de producción de fabricantes con base en España, como SEAT, Nissan, etc. De nuevo dos posibles consecuencias, ambas igual de nefastas: o aumentas los despidos, y por consiguiente el número de parados, o el gobierno lo evita con nuevas subvenciones o ayudas a estos fabricantes, con lo cual la mejora de las arcas que supondría la subida del I.V.A. no sería tal, entrando en un peligroso círculo vicioso.
Por otro lado, muchos empresarios han anunciado su repulsa a la subida del I.V.A. anunciando que mantendrían sus precios tras la puesta en marcha de la misma. Sin querer dudar de la buena fe de estos empresarios, hemos de tener en cuenta que se trata de un lujo que solo pueden permitirse los más grandes, compensando la bajada de beneficios con la supuesta buena imagen que van a conseguir y el aumento de ventas gracias a la comparativa de precios con la competencia. Sin embargo, existe una cara oscura a estas buenas intenciones, la de los comerciantes que, en previsión de la subida, y para poder colocarse la medallita de buenos samaritanos, han subido ahora ya sus precios, sin justificación alguna, de manera que cuando el I.V.A. suba ellos puedan presumir (mentir) de mantener sus precios. Y si luego el I.V.A. termina por mantenerse, más que ganan.
Un ejemplo, una conocida cadena de cafeterías y bollería subió de un día para otro el precio de un café de 80 céntimos a un euro con treinta. Sencillamente bochornoso.
En fin, que si al final se aprueba la dichosa subida (que a día de hoy no parece nada claro, dicho sea de paso), los consumidores de nuevo los perjudicados. Y ni siquiera eso garantizaría el saneamiento del dinero público.
Y mientras todo el mundo comprando televisiones nuevas para adaptarse al dichoso apagado analógico, una milonga que de momento de poco sirve cuando la mayoría de los canales en abierto están lejos de ofrecer su emisión en alta definición.
Ver para creer...

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