La semana pasada estaba charlando amigablemente en un bar a la hora del aperitivo y el padre de una buena amiga trataba de convencernos de lo malo que es para nuestro país la situación de bipartidismo que tenemos en el mundo político. Días después, durante la ceremonia de los Oscars 2010 empecé a reflexionar sobre el asunto y llegué a la conclusión de que tenía razón.
En tierra hostil puede ser calificada como una película aceptable, de ligero interés y correcta facturación, pero me niego a creer que se trate de la mejor película del año. Con una trama manipuladora, una dirección irregular y unos actores limitados, la obra de Bigelow se ha coronado
como la reina del año cuando hace apenas unas semanas no había conseguido convencer al público e incluso estuvo a punto de no conseguir distribución internacional, pudiendo haber sido condenada al DVD directo. Aparte de haberse beneficiado del hecho de que este año no han proliferado las películas que podríamos denominar “de Oscar”, aquellas cuyos argumentos, directores o actores suelen sonar para los grandes premios antes incluso de su estreno (recuerden el año pasado a Revolutionary Road, El lector, Mi nombre es Harvey Milk, El desafío: Nixon contra Frost, etc.), siendo la justamente olvidada Invictus de Clint Eastwood una de las pocas con una temática muy del gusto de los académicos. Sin embargo, creo que el secreto de su éxito ha sido su rivalidad con Avatar. Siendo las dos películas con más nominaciones, el morbo estaba servido siendo los directores de ambas un feliz ex-matrimonio y resultando ridícula la comparativa entre presupuestos.
Ya desde el comienzo de la carrera por la estatuilla, estas dos películas parecían las únicas con posibilidades de llevarse la guinda del pastel, despreciando a films sin duda superiores como Malditos Bastardos, An Education o Distrito 9. Esta rivalidad ha provocado que los aficionados al cine se dividiesen en dos grupos, según apoyasen a una o a otra película, es decir, cayendo en el bipartidismo que tanto parece gustar en este país y que bien podríamos ver reflejado también en nuestra liga de fútbol.
Tal y como decía el padre de mi amiga (y que ha quedado demostrado en esta entrega de premios), el bipartidismo es peligroso, impidiendo con frecuencia que se escoja la mejor opción debido a las limitadas posibilidades de elección. Nos es Avatar, ni mucho menos, la mejor película del año, pero no solo es superior a En tierra hostil sino que la dirección de Cameron está a años luz de la de su ex-esposa, sin que personalmente acepte el más mínimo resquicio a la duda. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que la votación no ha sido realmente un conflicto entre defensores de una película contra defensores de la otra, sino más bien entre defensores y detractores de Avatar.
Dicho de otro modo, no han apoyado a En tierra hostil aquellos a quien ha gustado la película bélica, sino aquellos a quienes no ha gustado Avatar.
No es cuestión de hablar de injusticia, ya que la libertad se basa en el derecho de cada uno a tomar sus propias decisiones, incluso aunque puedan ser incoherentes con su propia forma de pensar. Sin embargo, harían bien los miembros de la academia en buscar alguna solución alternativa para evitar estos problemas en el futuro, ya que los daños colaterales tienden a ser olvidados y eso sí que sería un grave error.
No se engañen. La gran perdedora de la gala de este año no ha sido Avatar (¿creen que alguien de la productora estará disgustado viendo como la recaudación del film ha superado ya los 2.500 millones y que la secuela está ya en marcha?). Los grandes perdedores han sido Tarantino, Eastwood, Scorsese (cuya última película no se estreno a tiempo de los Oscars por falta de fondos por parte de la productora para su promoción), etc.
Finalmente, el mundo de Hollywood, descrito a veces como frívolo y sin sentido, nos ofrece una metáfora más sobre la vida. A veces, las grandes superproducciones, como Avatar, no consiguen los premios deseados, por mucho dinero que se haya invertido en ellas. ¿Recuerdan el comentario de Jorge Valdano, director deportivo del Real Madrid, sobre que el proyecto de Florentino era una superproducción? Pues ya tenemos tema para la semana que viene...
En tierra hostil puede ser calificada como una película aceptable, de ligero interés y correcta facturación, pero me niego a creer que se trate de la mejor película del año. Con una trama manipuladora, una dirección irregular y unos actores limitados, la obra de Bigelow se ha coronado
como la reina del año cuando hace apenas unas semanas no había conseguido convencer al público e incluso estuvo a punto de no conseguir distribución internacional, pudiendo haber sido condenada al DVD directo. Aparte de haberse beneficiado del hecho de que este año no han proliferado las películas que podríamos denominar “de Oscar”, aquellas cuyos argumentos, directores o actores suelen sonar para los grandes premios antes incluso de su estreno (recuerden el año pasado a Revolutionary Road, El lector, Mi nombre es Harvey Milk, El desafío: Nixon contra Frost, etc.), siendo la justamente olvidada Invictus de Clint Eastwood una de las pocas con una temática muy del gusto de los académicos. Sin embargo, creo que el secreto de su éxito ha sido su rivalidad con Avatar. Siendo las dos películas con más nominaciones, el morbo estaba servido siendo los directores de ambas un feliz ex-matrimonio y resultando ridícula la comparativa entre presupuestos.Ya desde el comienzo de la carrera por la estatuilla, estas dos películas parecían las únicas con posibilidades de llevarse la guinda del pastel, despreciando a films sin duda superiores como Malditos Bastardos, An Education o Distrito 9. Esta rivalidad ha provocado que los aficionados al cine se dividiesen en dos grupos, según apoyasen a una o a otra película, es decir, cayendo en el bipartidismo que tanto parece gustar en este país y que bien podríamos ver reflejado también en nuestra liga de fútbol.
Tal y como decía el padre de mi amiga (y que ha quedado demostrado en esta entrega de premios), el bipartidismo es peligroso, impidiendo con frecuencia que se escoja la mejor opción debido a las limitadas posibilidades de elección. Nos es Avatar, ni mucho menos, la mejor película del año, pero no solo es superior a En tierra hostil sino que la dirección de Cameron está a años luz de la de su ex-esposa, sin que personalmente acepte el más mínimo resquicio a la duda. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que la votación no ha sido realmente un conflicto entre defensores de una película contra defensores de la otra, sino más bien entre defensores y detractores de Avatar.
Dicho de otro modo, no han apoyado a En tierra hostil aquellos a quien ha gustado la película bélica, sino aquellos a quienes no ha gustado Avatar.
No es cuestión de hablar de injusticia, ya que la libertad se basa en el derecho de cada uno a tomar sus propias decisiones, incluso aunque puedan ser incoherentes con su propia forma de pensar. Sin embargo, harían bien los miembros de la academia en buscar alguna solución alternativa para evitar estos problemas en el futuro, ya que los daños colaterales tienden a ser olvidados y eso sí que sería un grave error.
No se engañen. La gran perdedora de la gala de este año no ha sido Avatar (¿creen que alguien de la productora estará disgustado viendo como la recaudación del film ha superado ya los 2.500 millones y que la secuela está ya en marcha?). Los grandes perdedores han sido Tarantino, Eastwood, Scorsese (cuya última película no se estreno a tiempo de los Oscars por falta de fondos por parte de la productora para su promoción), etc.
Finalmente, el mundo de Hollywood, descrito a veces como frívolo y sin sentido, nos ofrece una metáfora más sobre la vida. A veces, las grandes superproducciones, como Avatar, no consiguen los premios deseados, por mucho dinero que se haya invertido en ellas. ¿Recuerdan el comentario de Jorge Valdano, director deportivo del Real Madrid, sobre que el proyecto de Florentino era una superproducción? Pues ya tenemos tema para la semana que viene...

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